Las capas del actor

Cuando un actor empieza a trabajar no siempre aparece inmediatamente su parte más creativa.

Muchas veces aparece primero aquello que utiliza para protegerse: hábitos, tensiones, maneras conocidas de hablar, gestos que le dan seguridad o la necesidad de controlar el resultado.

Una forma que me resulta útil para observar este proceso es imaginar al actor formado por tres capas:

1
La capa de protección.
2
La capa creativa.
3
El núcleo o esencia.

No son compartimentos estancos ni etapas que se superen para siempre. Un mismo actor puede pasar de una a otra varias veces durante un ensayo, una clase o incluso dentro de una misma escena.

1. La capa de protección

Es la primera que suele aparecer cuando sentimos que estamos siendo observados, evaluados o que tenemos que conseguir un determinado resultado.

No necesariamente es consciente.

Puede manifestarse de muchas maneras:

tensar la mandíbula;

fijar una determinada postura;

utilizar siempre los mismos gestos;

colocar una determinada “voz de actor”;

anticipar las emociones;

intentar demostrar constantemente que estamos interpretando;

repetir una solución que sabemos que anteriormente funcionó.

La capa de protección no aparece porque el actor sea poco creativo. Muchas veces ocurre precisamente porque quiere hacerlo bien.

El problema empieza cuando aquello que utilizamos para sentirnos seguros termina impidiendo que podamos escuchar, reaccionar o probar algo diferente.

Una pregunta muy útil:
¿Qué hago siempre cuando no sé qué hacer?

Ahí suelen aparecer muchos de nuestros mecanismos de protección.

Cómo detectar tu capa de protección

Grábate interpretando un fragmento y míralo después sin preocuparte todavía por si la escena está “bien” o “mal”.

Busca repeticiones.

1
¿Hay un gesto que aparece constantemente?
2
¿Todas las frases terminan con una prosodia parecida?
3
¿Tu cuerpo mantiene una tensión innecesaria?
4
¿Parece que sabes de antemano lo que vas a sentir?

Detectarlo no significa eliminarlo inmediatamente. Primero necesitamos hacer consciente aquello que hasta ahora hacíamos automáticamente.

2. La capa creativa

Cuando disminuye la necesidad de controlar el resultado aparece un territorio mucho más interesante.

El actor empieza a probar.

Una indicación deja de percibirse como una amenaza a lo que tenía preparado y empieza a convertirse en material para investigar.

Aparecen posibilidades que quizá no estaban previstas:

otra manera de relacionarse con el espacio;

un ritmo diferente;

una acción inesperada;

una respuesta nueva al compañero;

una utilización distinta de la voz;

una asociación, imagen o impulso que modifica la escena.

Creatividad no significa hacer cosas extravagantes.

Significa poder generar más de una respuesta posible.

Un ejercicio muy sencillo

Escoge un fragmento breve que conozcas bien.

Hazlo una primera vez como lo harías normalmente.

Después busca cinco posibilidades completamente diferentes de realizar el mismo material.

No necesitas conservar ninguna. El objetivo es romper la idea de que existe una única solución correcta.

Cuando después regreses a una propuesta más precisa, probablemente tendrás muchas más posibilidades entre las que elegir.

3. El núcleo: la esencia del actor

Esta es la capa más difícil de explicar porque no consiste en añadir nada.

Más bien ocurre lo contrario.

Cuando disminuyen los mecanismos de protección y tampoco existe la necesidad constante de demostrar creatividad, empieza a aparecer algo mucho más sencillo: el actor presente.

Su forma particular de escuchar.

Su manera de pensar.

Su imaginación.

Su cuerpo.

Su voz.

Su singularidad.

No me interesa una “esencia” entendida como algo místico.
Me interesa aquello que aparece cuando el actor deja de intentar parecer un actor.

Dos intérpretes pueden recibir exactamente la misma consigna y construir propuestas completamente diferentes.

Ahí empieza a aparecer aquello que no podemos copiar de otra persona.

Formarse no siempre significa añadir

Durante la formación actoral aprendemos técnicas, herramientas y recursos.

Pero llega un momento en que seguir acumulando recursos no necesariamente produce un intérprete mejor.

A veces el trabajo consiste en otra cosa:

Formar a un actor no consiste siempre en añadir.
Muchas veces consiste en retirar aquello que le impide utilizar libremente lo que ya tiene.

Eliminar una tensión innecesaria.

Dejar de anticipar una emoción.

Romper una prosodia aprendida.

Abandonar un gesto recurrente.

Atreverse a no saber exactamente qué va a ocurrir.

Y dejar espacio para que aparezca una respuesta real.

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