Crear un personaje – Interpretación

Tienes el texto delante. Sabes qué personaje vas a interpretar. ¿Por dónde empiezas?

Una de las tentaciones más habituales es empezar a decidir cómo habla, cómo camina, qué gestos hace o qué personalidad tiene. Pero construir un personaje no consiste en colocar características encima del actor. Primero necesitamos descubrir qué información contiene realmente el texto.

Antes de inventar nada, yo separaría tres niveles de información:

1
Lo que el texto afirma.
Datos que podemos demostrar.
2
Lo que podemos deducir.
Hipótesis coherentes construidas a partir de esos datos.
3
Lo que decidimos crear.
Elecciones interpretativas que completan aquello que el texto no determina.

Confundir estos tres niveles es una fuente constante de problemas. Una hipótesis puede ser estupenda, pero sigue siendo una hipótesis. Y una decisión creativa debe ayudarnos a actuar, no convertirse en una cárcel.

1. Empieza por los hechos

Haz una primera lectura buscando únicamente información objetiva.

No interpretes todavía. Recoge hechos.

¿Dónde está?

¿Qué momento del día es?

¿Qué acaba de suceder?

¿Qué sabemos de su situación económica, familiar o profesional?

¿Qué relación concreta mantiene con los demás personajes?

¿Qué acontecimientos anteriores aparecen mencionados?

¿Qué consecuencias puede tener lo que está ocurriendo?

Una herramienta especialmente útil consiste en anotar al lado de cada dato dónde aparece en el texto.

Por ejemplo:

HECHO: lleva tres meses sin ver a su hermano.
FUENTE: lo dice en la página 12.

HIPÓTESIS: está enfadado con él.
Esto ya necesita demostrarse o probarse en escena.

Esta distinción parece pequeña, pero cambia muchísimo la manera de analizar un personaje.

2. Investiga también lo que los demás dicen de ti

Un personaje no se construye únicamente a partir de sus propias palabras.

Busca todas las referencias que hacen los demás sobre él, incluso cuando no está presente.

Pero cuidado: lo que otro personaje dice tampoco tiene por qué ser verdad.

Puede estar mintiendo, manipulando, exagerando o simplemente tener una percepción parcial.

No preguntes solamente: “¿Qué dicen de mi personaje?”
Pregunta también: “¿Quién lo dice, a quién se lo dice y para qué?”

De repente, el análisis deja de ser una recopilación de adjetivos y empieza a convertirse en una red de relaciones.

3. Trabaja la escena desde acciones, no desde emociones

“Estoy triste”, “estoy nervioso” o “estoy enamorado” pueden describir estados, pero no necesariamente proporcionan algo que el actor pueda hacer.

Me resulta mucho más útil buscar acciones expresadas mediante verbos.

Por ejemplo:

Convencer
Provocar
Seducir
Intimidar
Calmar
Ocultar
Retener
Desarmar

La elección exacta dependerá del texto, pero el principio es importante:

No intentes interpretar una emoción.
Haz algo sobre alguien y permite que la emoción aparezca como consecuencia.

4. Identifica cuándo cambia la acción

Una escena no suele sostenerse con una única acción de principio a fin.

Quizá empiezas intentando convencer a alguien. No funciona. Entonces pruebas a ridiculizarlo. Tampoco funciona. Después amenazas. Finalmente suplicas.

Esos cambios construyen el recorrido de la escena.

Marca en el texto los puntos en los que aparece una modificación real:

recibes información nueva;

descubres que tu estrategia no funciona;

cambia la relación de poder;

aparece alguien;

alguien se marcha;

ocurre algo que obliga al personaje a cambiar de estrategia.

Así empiezas a construir una partitura de acciones, no una partitura de entonaciones.

5. No escribas una biografía porque sí

Las biografías de personaje pueden ser útiles, pero también pueden convertirse en una enorme acumulación de información que nunca llega al escenario.

Saber dónde nació el personaje, qué hacía cuando tenía siete años o cómo se llamaba su primer perro solamente tiene valor si modifica de alguna manera lo que ocurre en escena.

Prefiero trabajar con antecedentes funcionales.

Pregúntate:

1
¿Qué experiencia anterior explica esta relación?
2
¿Qué recuerdo puede alterar realmente mi comportamiento en esta escena?
3
¿Qué necesito saber para comprender por qué esto es importante ahora?

Si una información no cambia nada, quizá todavía no necesitas inventarla.

6. El “momento anterior”

Una escena no empieza cuando el actor entra en el escenario.

El personaje ya estaba viviendo antes de que nosotros empezáramos a verlo.

Por eso resulta muy útil concretar qué ha sucedido inmediatamente antes.

No necesito necesariamente veinte años de biografía. Quizá necesito saber qué ocurrió hace veinte segundos.

¿De dónde vengo?
¿Qué estaba haciendo?
¿Qué acaba de ocurrirme?
¿Qué espero encontrar al entrar?
¿Qué necesito conseguir ahora?

Esto evita una entrada escénica vacía en la que el actor parece empezar a existir únicamente cuando pronuncia su primera frase.

7. No decidas demasiado pronto cómo habla o cómo se mueve

Otra tentación frecuente consiste en buscar rápidamente características externas:

“Este personaje camina encorvado.”
“Habla muy despacio.”
“Siempre hace este gesto.”

Puede que alguna de esas decisiones termine siendo válida.

Pero si aparece demasiado pronto, el actor puede pasar toda la escena manteniendo una característica en vez de actuar.

Yo dejaría que cuerpo y voz empiecen a modificarse después de haber trabajado circunstancias, relaciones, acciones y necesidades.

Entonces podemos observar qué consecuencias aparecen físicamente.

8. Prueba antes de decidir

El análisis no termina sentado delante del texto.

Hay hipótesis que parecen brillantes sobre el papel y no producen absolutamente nada cuando las llevamos al espacio.

Y otras posibilidades aparecen únicamente cuando empezamos a probar.

Una decisión interpretativa no tiene que ser interesante cuando la explicas.
Tiene que generar algo cuando la actúas.

Trabaja varias acciones posibles. Cambia una circunstancia. Modifica la relación. Prueba físicamente una hipótesis.

Después observa cuál produce mayor precisión, escucha y vida escénica.

Una ficha de personaje que sí me resulta útil

Si quieres resumir el trabajo, en lugar de escribir páginas y páginas, prueba a poder responder con claridad a esto:

Circunstancias: ¿qué está ocurriendo?

Relación: ¿quién es esta persona para mí?

Necesidad: ¿qué necesito conseguir?

Obstáculo: ¿qué me lo impide?

Acciones: ¿qué hago para conseguirlo?

Transformación: ¿qué cambia entre el principio y el final?

Con estas seis preguntas ya podemos empezar a construir muchísimo.

El personaje no está solamente en tu imaginación

Crear un personaje necesita imaginación, por supuesto. Pero la imaginación funciona mucho mejor cuando dispone de una estructura sólida sobre la que trabajar.

Primero extrae del texto todo lo que puedas.
Después formula hipótesis.
Y finalmente prueba, transforma y crea.

No necesitas saber absolutamente todo sobre el personaje antes de empezar a ensayar.

Parte de su construcción aparecerá precisamente mientras lo pones en acción.

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