Pruebas Esad, Arte Dramático
¿Quieres estudiar Arte Dramático y tienes que enfrentarte a las pruebas de acceso?
Preparar una prueba de acceso no consiste únicamente en aprenderse un monólogo. Interpretación, comprensión del texto, voz, dicción, cuerpo, escucha y capacidad para recibir indicaciones forman parte del trabajo que conviene entrenar.
Esta entrada nació hace años después de una charla con alumnos de Bachillerato de Artes Escénicas. Muchos querían estudiar interpretación y me preguntaban qué podían hacer para llegar mejor preparados a las pruebas.
Desde entonces he trabajado con numerosos actores y estudiantes, y hay una idea que sigo considerando fundamental: cuanto mejor preparado esté tu material, más libertad tendrás cuando llegue el momento de jugar con él.
Antes de empezar: lee muy bien la convocatoria
No todas las Escuelas Superiores de Arte Dramático organizan sus pruebas exactamente de la misma manera.
Por eso, el primer paso no es ponerse a ensayar un monólogo: es leer con atención las bases de la escuela concreta a la que quieres presentarte.
● ¿Qué textos tienes que preparar?
● ¿Hay repertorio obligatorio?
● ¿Debes presentar una propuesta de libre elección?
● ¿Incluye pruebas de voz, movimiento, música o análisis?
● ¿Qué documentación y material debes llevar?
No te fíes únicamente de lo que hizo un amigo el año anterior. Trabaja siempre sobre la convocatoria que te corresponde a ti.
Escuelas Superiores de Arte Dramático en España
Estas son algunas de las Escuelas Superiores de Arte Dramático y centros superiores de referencia en España. Consulta siempre en la web de cada centro la convocatoria y las pruebas de acceso vigentes.
No prepares solamente “un monólogo”
Uno de los errores más habituales es concentrar todo el esfuerzo en memorizar el texto y construir una propuesta cerrada que después intentamos reproducir exactamente igual el día de la prueba.
Pero conocer un texto significa mucho más que saber sus palabras.
Antes de entrar en escena deberías poder responder, entre otras, a preguntas como:
¿Qué quiero?
¿A quién estoy hablando?
¿Qué ha ocurrido antes?
¿Qué cambia durante el texto?
¿Por qué digo cada cosa?
Cuanto mejor entiendas la estructura del pensamiento y de la acción, menos dependerás de una entonación aprendida de memoria.
Y eso te permitirá algo especialmente importante en una prueba: seguir vivo dentro del texto aunque cambien las circunstancias.
Aprende a recibir indicaciones
Has preparado durante semanas una escena y alguien del tribunal te dice:
“Muy bien. Ahora hazlo de otra manera.”
Ese momento puede resultar desconcertante si has construido una única versión posible del texto.
Por eso, durante la preparación conviene entrenar también la capacidad de modificar la propuesta.
Prueba a cambiar la intención, el ritmo, la relación con el interlocutor, el objetivo o incluso alguna circunstancia imaginaria y observa qué ocurre.
No se trata de hacer cosas arbitrarias. Se trata de comprobar que comprendes suficientemente bien el material como para poder adaptarte sin perder el sentido del texto.
La voz y la dicción también forman parte de tu interpretación
Un buen trabajo interpretativo pierde mucha fuerza si el texto no llega con claridad.
No necesitas impostar una “voz de actor”, pero sí conseguir que tu instrumento esté disponible: respiración, articulación, proyección, ritmo y precisión en la palabra.
Antes de una prueba, trabaja especialmente:
- la articulación, para que el texto sea comprensible;
- la proyección, sin necesidad de gritar;
- la respiración, evitando que los nervios aceleren constantemente el discurso;
- el ritmo y las pausas;
- y la relación entre pensamiento y palabra.
Si detectas dificultades concretas de pronunciación, puedes trabajarlas previamente mediante un entrenamiento específico de
dicción castellana.
El cuerpo no puede quedarse fuera
Cuando estamos preocupados por recordar el texto es muy fácil que el cuerpo empiece a llenarse de tensiones.
Mandíbula, cuello, hombros, manos o rodillas pueden terminar mostrando mucho más nerviosismo del que creemos.
Por eso la preparación no debería consistir únicamente en repetir el texto sentado en casa.
Ensaya de pie. Muévete. Observa cuándo aparece tensión innecesaria. Trabaja desde un cuerpo disponible y evita fijar gestos que simplemente acompañen mecánicamente a las palabras.
El objetivo no es “colocar” el cuerpo.
Es conseguir que esté disponible para reaccionar.
Si tienes un texto en verso
Si alguna de tus pruebas incluye un texto clásico, no lo prepares como si fuera simplemente prosa escrita en líneas más cortas.
Conviene comprender su estructura: métrica, ritmo, sintaxis, encabalgamientos, palabra operativa y construcción del pensamiento.
Pero tampoco se trata de “recitar”.
El objetivo es que la estructura del verso esté presente sin perder acción, pensamiento, escucha y verdad escénica.
Puedes profundizar en este trabajo en
Verso clásico para actores y compañías teatrales.
No ensayes siempre solo
Cuando llevamos mucho tiempo trabajando un texto podemos dejar de detectar nuestros propios hábitos.
Una mirada externa puede descubrir rápidamente cosas que nosotros ya no vemos: una intención que se ha vuelto mecánica, una palabra que nunca llega, un problema de dicción, una pausa innecesaria o una tensión corporal que aparece siempre en el mismo momento.
También es útil ensayar delante de otras personas. No necesariamente para recibir veinte opiniones diferentes, sino para acostumbrarte a hacer tu trabajo mientras alguien te observa.
El día de la prueba esa mirada externa existirá. Cuanto menos excepcional resulte para ti, mejor.
Los últimos días antes de la prueba
Cuando se acerca el examen aparece la tentación de seguir cambiando cosas hasta el último momento.
Yo prefiero que llegues a los últimos días con una estructura suficientemente asentada para poder dedicarte a afinar, no reconstruir.
No necesitas repetirlo cincuenta veces el día anterior.
Ropa, documentación, textos, material y agua.
Llegar agotado no te proporciona ninguna ventaja.
Activa tu instrumento sin fatigarlo antes de empezar.
Evita añadir una carrera contra el reloj a los nervios normales de una prueba.
Empieza a preparar las pruebas con tiempo suficiente.
A fin de tener el cuerpo libre de tensiones.
Así podrás moverte con libertad durante las pruebas.
Y cuando entres…
No intentes demostrar desesperadamente que mereces estar allí.
Entra, escucha, trabaja y permite que vean cómo piensas y cómo reaccionas.
Si algo no sale exactamente como lo habías previsto, no significa que la prueba esté perdida. Una prueba también consiste en observar qué haces con aquello que sucede en ese momento.
La preparación debe darte seguridad, pero no para encerrarte dentro de una propuesta. Debe darte suficiente dominio del material para poder estar presente, disponible y flexible.
¿Estás preparando tus pruebas de acceso a Arte Dramático?
Podemos trabajar de forma individual sobre los textos que vayas a presentar: interpretación, análisis textual, dicción, voz, verso, ritmo, escucha y adaptación a indicaciones.