¿Por qué no se me entiende bien cuando hablo?
“Me dicen que no se me entiende cuando hablo.”
Puedes tener una voz perfectamente audible, conocer muy bien aquello de lo que estás hablando y, sin embargo, obligar al oyente a hacer un esfuerzo constante para seguirte. Porque que te oigan y que te entiendan no son exactamente la misma cosa.
Cuando alguien quiere mejorar su forma de hablar, una de las primeras cosas que me interesa descubrir es dónde está realmente el problema.
Porque “no se me entiende” puede significar cosas muy distintas:
● Hablas demasiado deprisa.
● Algunas palabras pierden precisión.
● Los finales de las palabras prácticamente desaparecen.
● La articulación es poco definida.
● Hablas con poco volumen.
● Hablas fuerte, pero la voz no proyecta.
● Todas las palabras tienen prácticamente el mismo peso.
● Apenas existen pausas que permitan organizar el mensaje.
Y muchas veces aparecen varias cosas a la vez.
1. Hablar rápido no es el problema. Hablar más rápido de lo que puedes articular, sí
Una de las primeras recomendaciones que suele recibir alguien a quien no se entiende bien es:
“Habla más despacio.”
Puede ayudar, pero técnicamente la cuestión es bastante más interesante.
Cuando aumentamos la velocidad de habla tenemos menos tiempo para realizar cada movimiento articulatorio. Si nuestra precisión no acompaña a esa velocidad, los sonidos empiezan a aproximarse, algunas sílabas pierden definición y las palabras pueden llegar al oyente de una manera mucho menos precisa.
Pero tampoco quiero que una persona que habla rápido empiece a hablar artificialmente lenta.
Los estudios sobre
habla clara o clear speech
muestran que la mejora de la inteligibilidad no depende únicamente de reducir la velocidad. Aparecen conjuntamente cambios en duración de los sonidos, pausas, articulación, intensidad y otros parámetros acústicos.
No busco que hables despacio.
Busco que tu velocidad nunca sea superior a tu capacidad para hablar con precisión.
2. Los finales también tienen que llegar
Hay personas que empiezan una palabra con bastante precisión y la terminan prácticamente dentro de la siguiente.
Esto ocurre especialmente cuando aceleramos, pensamos mucho más deprisa de lo que articulamos o tenemos el hábito de dirigir toda nuestra energía hacia el comienzo de la palabra.
Prueba a escuchar una grabación tuya prestando atención únicamente a esto:
¿Llegan claramente las últimas consonantes?
¿Mantienes completas las sílabas finales?
¿Una palabra termina antes de que empiece la siguiente?
¿O parece que varias palabras se han convertido en una sola cadena sonora?
No se trata de sobreactuar cada consonante.
Se trata de que el oyente reciba la palabra completa.
3. Articular más no significa gesticular exageradamente con la boca
Cuando hablamos de articulación no me interesa que empieces a mover labios y mandíbula de una manera artificial.
Me interesa la precisión del movimiento.
Labios, lengua, mandíbula y velo del paladar participan en la transformación del sonido laríngeo en los diferentes sonidos del habla.
Cuando esos movimientos son poco precisos, el contraste acústico entre unos sonidos y otros disminuye.
De hecho, diferentes investigaciones sobre inteligibilidad han encontrado relación entre
precisión articulatoria, velocidad e inteligibilidad.
Por eso puedo trabajar articulación sin convertir tu habla en algo rígido o impostado.
Hablar claramente no significa marcar todas las palabras.
Significa producir suficiente información acústica para que el oyente no tenga que adivinar constantemente lo que estás diciendo.
4. Volumen y proyección no son lo mismo
Esta diferencia es especialmente importante cuando hablamos en público.
Volumen tiene que ver con la intensidad de la señal vocal.
Proyectar, en cambio, implica conseguir que nuestra voz llegue al oyente de forma eficaz utilizando de manera coordinada respiración, fonación, resonancia y articulación.
Puedes hablar fuerte y seguir sin resultar especialmente claro.
Y puedes tener una voz que aparentemente no parece enorme y conseguir que llegue con mucha precisión al fondo de una sala.
En experimentos donde se han comparado diferentes formas de modificar el habla,
hablar de manera clara produjo una ventaja de inteligibilidad más consistente que limitarse a modificar el volumen.
Que te oigan no garantiza que te entiendan.
Por eso, cuando alguien me dice “creo que tengo que hablar más alto”, primero quiero escuchar qué está ocurriendo realmente.
5. La prosodia ayuda al oyente a ordenar lo que dices
Podemos pronunciar correctamente todas las palabras y seguir resultando difíciles de escuchar si nuestro discurso carece de organización prosódica.
La prosodia incluye elementos como:
Estas variaciones proporcionan información al oyente.
Le permiten saber qué palabras son importantes, dónde termina una idea, dónde empieza otra o qué elementos de una frase están relacionados.
En estudios experimentales sobre comprensión del habla se ha comprobado que las variaciones de
tono, intensidad y especialmente determinadas señales temporales ayudan al oyente a identificar la estructura de una frase.
Por eso una voz completamente plana no plantea solamente un problema de expresividad.
También puede hacer que el oyente tenga que realizar más trabajo para organizar la información que está recibiendo.
6. Las pausas forman parte de la claridad
Cuando hablamos deprisa tendemos a pensar que una pausa es tiempo perdido.
Pero para quien escucha ocurre exactamente lo contrario.
Una pausa bien colocada puede:
● separar dos ideas;
● marcar una información importante;
● permitir que el oyente procese lo anterior;
● darte tiempo para organizar la siguiente idea;
● permitirte renovar el aire sin romper la frase.
La pausa no debería aparecer únicamente cuando te has quedado sin aire.
También forma parte de la construcción del pensamiento.
Puedes profundizar en este tema en
La pausa en los textos →
Haz esta prueba
Graba aproximadamente un minuto hablando sobre un tema que conozcas bien.
No leas. Habla como lo harías normalmente.
Después escucha la grabación una vez sin analizar el contenido. Concéntrate únicamente en cómo llega el habla.
Esta pequeña prueba ya puede darte bastantes pistas.
Pero diagnosticar exactamente qué está dificultando tu comunicación requiere observar cómo funcionan conjuntamente voz, respiración, articulación, velocidad, prosodia, pausas y presencia.
¿Y si el problema está en sonidos concretos?
A veces el problema sí es específicamente articulatorio.
Puede haber determinados sonidos que no se producen con suficiente precisión, dificultades recurrentes con una consonante, hábitos fonéticos muy fijados o aspectos concretos de pronunciación que necesitan un trabajo específico.
En ese caso podemos aislar el problema y entrenarlo de una manera mucho más precisa.
Puedes consultar el trabajo específico de
dicción castellana →
Pero si lo que ocurre es que cuando tienes que explicar algo, presentar un proyecto, hablar ante varias personas o intervenir en una reunión aceleras, pierdes finales, no proyectas, desaparecen las pausas o tu voz deja de acompañar correctamente al pensamiento, estamos trabajando comunicación oral en un sentido mucho más amplio.
Hablar con claridad no consiste en hablar despacio, fuerte y pronunciando exageradamente.
Consiste en conseguir que voz, articulación, ritmo, prosodia y pensamiento trabajen juntos para que el mensaje llegue con el mínimo esfuerzo posible para quien te escucha.
¿Te piden que repitas lo que dices o sientes que tu manera de hablar te resta seguridad?
En las sesiones individuales de comunicación analizamos tu habla real para detectar qué está ocurriendo: velocidad, articulación, finales de palabra, respiración, prosodia, pausas, volumen, proyección y uso de la voz.
No se trata de aprender una manera artificial de hablar. Trabajamos sobre tus propios hábitos para conseguir que tu comunicación sea más clara, eficaz y segura sin perder tu forma personal de expresarte.
Mejora del habla en público →
Si tu dificultad se concentra especialmente en pronunciación o articulación:
Dicción castellana →