Cuando la sensibilidad en el arte pasa factura

Hay algo en la sensibilidad artística que nos permite crear, imaginar, emocionarnos
y conectar profundamente con los demás; pero esa misma sensibilidad también necesita ser cuidada.
Tras la trágica muerte de Robin Williams, me quedé tremendamente reflexiva.

El actor trabaja con un instrumento muy particular: él mismo.
Su cuerpo, su voz, sus pensamientos, sus recuerdos, su imaginación y su manera de percibir el mundo.

Pensemos por un momento en el artista. En lo que significa trabajar con la sensibilidad,
con la imaginación, con el cuerpo y, muchas veces, con emociones que nos atraviesan.

Quizá por eso durante demasiado tiempo hemos aceptado con cierta naturalidad que para crear
hay que sufrir, exponerse sin límite o anteponer siempre el resultado artístico a la persona.

Pero el “show must go on” no puede significar “a cualquier precio”.

Ser profesional implica compromiso, disciplina y responsabilidad. Claro que sí.
Pero también debería implicar saber escucharnos.

Hay días en los que podemos dar más y días en los que necesitamos parar.
Hay procesos que nos hacen crecer y otros que nos están haciendo daño.
Hay límites que se pueden ampliar mediante el entrenamiento y otros que debemos aprender a respetar.

Cuidarse no es ser menos actor.
Decir “esto no me hace bien”, pedir otra vía de trabajo, establecer un límite o reconocer que
necesitamos descansar no nos hace menos comprometidos con nuestra profesión.
También forma parte de ella.

El cuidado también forma parte de la técnica

No creo que la interpretación deba construirse contra nosotros mismos.
La técnica debería proporcionarnos recursos para ampliar nuestras posibilidades,
no obligarnos a violentarnos para conseguir un resultado.

Podemos trabajar con intensidad sin destruirnos.
Podemos acercarnos a materiales emocionalmente complejos sin confundir necesariamente
lo que vive el personaje con lo que somos nosotros.
Podemos buscar verdad escénica desde la imaginación, el cuerpo, la acción, la técnica
y la creatividad.

Y podemos aprender también a entrar y a salir del trabajo.

Este es uno de los principios básicos de mi manera de trabajar:
el cuidado y el autocuidado del actor forman parte del proceso creativo.
Ninguna escena, ejercicio, audición o resultado artístico merece que el intérprete
tenga que dañarse para alcanzarlo.

Para mí, respetarse también significa ser coherente con uno mismo:
conocer nuestros recursos, nuestros límites, nuestras necesidades y nuestra forma particular de crear.
No todos los actores necesitan llegar al mismo lugar por el mismo camino.

Quizá una de las tareas más importantes de una formación actoral sea precisamente esa:
no solo enseñarnos a actuar, sino ayudarnos a construir herramientas que nos permitan
desarrollar una profesión larga, creativa y sostenible.


Porque cuidar al actor no significa protegerlo del arte.
Significa permitirle seguir creando sin perderse a sí mismo por el camino.

Esta reflexión forma parte también de mi investigación sobre técnica actoral.
En 2018 publiqué

El cuidado psicológico del actor desde la técnica de Michael Chejov
,
centrado en la necesidad de construir procesos interpretativos que tengan en cuenta también
a la persona que hay detrás del personaje.


Preparar una audición también debería ser un proceso de descubrimiento, no de desgaste.

Si estás preparando una audición, un casting o una prueba de acceso,
podemos trabajar tu propuesta desde la técnica, la precisión y el respeto por tu propio proceso creativo.


PREPARACIÓN DE AUDICIONES →

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